El Primer Hombre no tiene prisa. Que hayan pasado 4 años de la grabación de su EP, no es lo único que lo desvela. Quizá, influenciado por su propio nombre, haya decidido no someterse a la esclavitud del reloj y confiar más en la intuición, brújula de pioneros y precursores, para perderse y encontrarse en extensas intros que le alejan de estructuras musicales convencionales. Nadie puede negar que disfrutan explorando texturas que a veces consumen más de la mitad de ese tiempo que la banda trata de ignorar.

Puede que simplemente, su objetivo sea escuchar. Y es que, aunque digan que el ser humano es competitivo por naturaleza, estamos ante un proyecto colaborativo en el que lo importante es la música: más que ningún instrumento (ni siquiera la voz). Un proyecto que no tiene necesidad de etiquetarse, pero sí de expresarse; y utiliza lo que sea necesario para conseguirlo (claridad, distorsión, grito o susurro) pasando de lo uno a lo otro con la naturalidad de la emoción humana. El Primer Hombre es sincero y visceral, a veces, oscuro y furioso, puede que hasta un poco animal.

Pero lo más atractivo de “este primer hombre” es su contemporaneidad: para disfrutarle, no son necesarios conocimientos de antropología musical. Ojalá tenga pronto algo nuevo que contar. TIC TAC

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