La Bella Homicida + 51 Grados @ Sala Niágara

Mientras muchos grupos se preguntan desde sus locales de ensayo, qué debe hacer una banda para crecer y convertise en unos grandes, hay quien sube a una furgoneta sin miedos ni prejuicios para enchufarse unos cientos de kilómetros y enfrentarse a lo desconocido. La aventura es siempre una historia que contar, aunque las preguntas que surjan por el camino parezcan repetirse una y otra vez ¿Vendrá alguien a vernos? ¿Recuperaremos al menos el dinero de la gasolina? ¿Merecerá la pena el viaje?

Quienes nos acercamos a la Sala Niágara el pasado 7 de noviembre podemos confirmar que fue una noche especial. La escasez de público no hizo más que recortar la distancia que suele haber entre asistentes y músicos. Y es que no siempre se tiene la oportunidad de ver un debut tan delicado y prometedor como el de La Bella Homicida y quizá un exceso de gente habría estropeado el ambiente que esta jovencísima banda local supo generar.

Por la marcada personalidad del proyecto sería difícil describirlos como algo distinto de una banda de rock, pero la tensión en los pasajes más calmados y el mar de fondo parecieron ser la seña de identidad del trío ahí donde cualquier otro proyecto no dudaría en pegar una patada a los pedales y estallar en una bola de efectos tratando de impresionar simplemente con más volumen.

Desde mi punto de vista, sería un poco injusto hacer una comparación con el trillado Jeff Buckley para entender el sonido de La Bella Homicida, pero dejando de lado las características casi místicas que se le atribuyen hoy día al bueno de Jeff, no parecen encontrarse en planos tan distintos. Y esto es posible porque, mientras la mayoría de las bandas que veneran a Buckley se quedan exclusivamente con su inalcanzable expresividad vocal, La Bella Homicida ha sabido entender que la química de la banda que le acompañó durante sus mejores momentos es también uno de los legados más importantes de su música.

El cambio de tercio fue extremadamente palpable cuando la tormenta que se anunciaba apareció sobre el escenario. Con 51º todos sabíamos que íbamos a escuchar a una banda guitarrera, curtida y con un directo engrasadísimo, pero obviamente una cosa es imaginártelo y otra cosa es tenerlo en frente a pleno volumen.

Ante la capacidad demoledora de este trío poco se puede decir. Si todavía añoras los 90, y lo que es más, deseaste siempre escuchar a una banda cantando en castellano que sonara a Foo Fighters, Soundgarden o los primeros Silverchair no busques más. 51º tienen la actitud, la técnica y el sonido como para enloquecer al público, al menos entre aquellos que disfrutan con la distorsión espesa y los gruñidos ásperos que se asocian con el movimiento post-grunge. Quizá haya quien ya ha pasado página en este aspecto, pero lo cierto es que con un show tan pulido, es fácil entender que los 51º quieran salir a conocer mundo y demostrar de lo que son capaces.

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