A finales de la década de los 90, con el rock alternativo perdiendo terreno, Radiohead se lanza con Kid A a la búsqueda de nuevos sonidos, los Smashing Pumpkins se separan y comienza el reinado del metal alternativo. Grupos como Deftones o Tool cogen el relevo con lanzamientos rompedores y consiguen impresionar al público con propuestas densas y álbumes angustiosos, cuajados de distorsión, en los que abunda el mal rollo.

No tarda en entrar un poco de luz en la escena tanto a nivel económico como emocional y disminuye la claustrofobia con bandas como Dredg e Incubus que amplían aún más la repercusión; sin embargo toda esa variada y agresiva escena no termina de tener éxito en España salvo por Sôber que se encargan casi unilateralmente de llevar esos sonidos a las grandes audiencias a mucha distancia del resto de grupos de metal que sobreviven como pueden.

Para cuando el interés empieza a remitir Memorandum ya son banda, pero no es hasta este 2015 que se deciden a lanzar su disco de debút que incluye además temas de su anterior EP. Cabría pensar que la banda no ha currado suficiente y por eso van con un poco de retraso viéndose obligados a rescatar material antiguo, pero la realidad es más bien la contraria. Memorandum se toman muy en serio a si mismos, quizá en exceso, por eso, en un intento de llevar su música más allá, se reinventan un par de veces tratando de huir del metal y caminando lentamente hacia una propuesta más sesuda; gesto que inevitablemente se aplica también a la evolución de sus composiciones.

Y es que, si algo queda patente en “No es el sol es una estrella normal” es la cantidad de idas y venidas, los quiebros con los que cuenta cada canción. No en vano siete de los diez temas superan los 6 minutos permitiendo estructuras que huyen hacia delante evitando en la medida de lo posible la sensación de estribillo y aprovechando la producción de Javier Escudero para rematar la jugada con los pequeños trucos de producción que hoy en día se esperan de cualquier proyecto que aspire a sonar en primera división.

Es probable que esta falta de oxigeno sea una decisión deliberada de la banda con ganas de transmitir una sensación de esquizofrenia similar a la de sus antecesores, y por otro lado, el progresivo siempre se presta a no mirar atrás en un alarde de capacidad creativa, pero en una actitud así no cuadra la inclusión de temas antiguos en lo que por otra parte podría ser un capítulo completamente nuevo en la historia de la banda.

En el caso de una formación en busca de público como Memorandum es importante tener en cuenta que la realidad para muchas bandas hoy en día es que, aún trabajando su disco al máximo, hay muchas posibilidades de que la repercusión sea mínima. Por eso, “No es el sol, es un estrella normal” suena más bien a órdago con intención de hacer girar todas las caras en dirección a la banda para minimizar las posibilidades de pasar sin pena ni gloria.

Desde un punto de vista completamente discutible, lo verdaderamente intrigante es imaginar la música que una banda con este talento podría llegar a hacer de poner toda esa capacidad de trabajo e inventiva en un contexto más relajado y natural, bien sea porque tengan la suerte de alcanzar el éxito y se planteen una nueva vuelta de tuerca desde las alturas o porque ellos mismos se decidan a quitarse capas de encima y den rienda suelta a una música más personal y espontánea.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.