Alguien me dijo hace poco que la perfección es para cobardes, y si algo queda claro después de escuchar MMXIV es que los chicos de pura vida. no son precisamente de los que se lo piensan mucho antes de atacar, independientemente de quien sea el oponente.

No cabe duda, la mala hostia es una parte fundamental de su sonido y es precisamente esa ferocidad la que les permite salir airosos de una producción irregular y descuidada que pese a todo juega en su favor la mayor parte del tiempo al permitirles conservar una frescura poco común por estos lares.

Y es que salvo por el incomprensible salto de volumen, duración y textura que pega la banda en “resignation pills”, en el transcurso de los escasos minutos que dura el EP, pura vida. se mueve a sus anchas en un registro muy americano que tiene su epicentro en la explosión del grunge pero que, de manera aparentemente inconsciente, sabe apoyarse más en los antecedentes del movimiento que en las consecuencias de la explosión que supuso para el rock alternativo en los 90.

Sin embargo, es en las transiciones, las introducciones de las canciones y los destellos de feedback donde la banda brilla con luz propia y encuentra su voz más original y atemporal. Por desgracia para los fanáticos del noise, este tipo de desarreglos aparecen como simples accesorios en MMXIV, aunque del mismo modo, la esperanza reside en que la banda no solo se siente cómoda entre acoples y disonancias si no que parece tener un talento natural en este campo que seguramente dará para material muy interesante en un futuro no muy lejano.

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